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París.


PARIS-2

Llevo muchísimo tiempo sin escribir, demasiado, pero como a casi todos nos pasa estos días, tengo una inquietud  en la cabeza que no me deja estar tranquilo, así que vuelvo a la escritura con un tema sobre el que preferiría no haber escrito.

El viernes 13 de Noviembre de 2015, quedará grabado para siempre en nuestra memoria como el día en que el terror volvió a apoderarse de una de las ciudades más bellas de Europa. Es fácil acordarse ahora  de las hordas de revolucionarios, sacando de sus casas a la burguesía de la época y pasando a guillotina a cientos de ellos tras un juicio, la mayoría de las veces simulado, a los que ya habían sido condenados por el jurado popular. Eran días de terror, París se inundó de sangre, de violencia injustificada, de venganzas personales y de un sentido de la justicia desmedido. Fue puro fanatismo,  como ahora. De allí surgió sin embargo una de las mejores épocas de la historia de esa nación,  la Ilustración (que sirvió de paradigma para el desarrollo de la Revolución Francesa) y la edad contemporánea.  Grandes pensadores como Rousseau, la primera enciclopedia escrita por Diderot, Voltaire, Newton en Inglaterra, entre otros, crearon las bases de la democracia moderna, dando un paso necesario desde el absolutismo, herencia del medievo, hacia la soberanía popular. París siempre se reinventa y saca provecho de su más triste historia.

La cultura popular además considera el viernes 13, como día de mal fario. Un viernes 13 murió Jesús en la cruz, pero una vez más volvemos a París, donde Felipe el Hermoso confabulado con el papa Clemente, el viernes 13 de Octubre de 1307,  lanzó a sus soldados a las calles de París en busca y captura de los templarios que descansaban tranquilos en sus encomiendas. La persecución de los miembros de la orden tuvo su momento de mayor tragedia con la quema del último gran maestre Jacques de Molay junto a las puertas de Notre Dame. Allí  se instaló la pira donde debían expiar los pecados por los que habían sido injustamente condenados y torturados. Una vez más París. Una vez más, un crimen en nombre de la fe.

Pero hablamos de historia, de hace muchos siglos. Lo que sucedió el pasado viernes nos dejó helados, por la barbarie, por la época en que vivimos,una época de falsa comodidad y frágil bienestar, por la gran ciudad que es  y por lo cerca que nos toca.

Ahora cabe una reflexión difícil pero necesaria. Es fácil y natural  sentirse triste y dolido por los sucesos del viernes, en buena parte porque las nuevas tecnologías nos permitieron seguir la tragedia casi a tiempo real, ver los twitter, noticias difundidas incluso por las victimas o gente cercana a los sucesos. Pero siendo fácil, no deja de ser  una actitud hipócrita.

Empezamos a tener conciencia de la crisis de los refugiados por una foto de un niño ahogado en una playa. Que pena, se me revolvió el estómago, es cierto. Pero ¿Cuántos niños mas murieron ese día?, ¿Cuántos los días anteriores?, ¿Cuántos lo han seguido haciendo desde entonces?. Vivimos mirando a otro lado, siempre mirando a otro lado y es algo humano, bastantes tristezas y luchas en el día a día, es cierto. Pero ¿porqué cuando sucede en París nos sobrecoge, o en NY, o por supuesto aquí, en Madrid?.

No pasa un mes en que no suceda un atentado en Siria, Irak, Afganistán o Dios sabe, pero los pasamos casi sin inmutarnos a ver si llegan los deportes y con suerte ha ganado nuestro equipo o Fernando Alonso ha conseguido terminar una carrera o se sabe algo más de la disputa Rossi-Márquez, que casi se convierte en un problema de Estado.

El dolor de esas familias, la tragedia que viven, sus muertos, sus hijos, sus padres, sus madres o hermanos, no es diferente al de las familias que han quedado destrozadas en París, no lo es. Pero preferimos no verlo. Asumimos que allí es normal. Y ¿Cómo va a ser normal?. Quizás París sirva para golpear nuestras conciencias, para que por fin se haga algo para frenar esta barbarie, pero ¿Qué?.

No me atrevo a dar soluciones, no se puede justificar un castigo no selectivo de seres humanos solo por vivir en un lugar determinado, no esta justificado que mueran justos por pecadores. La solución nunca debería ser la venganza. Tampoco lo es mantenerse contemplativos y esperar otro golpe, que desgraciadamente llegará.

Son los políticos quienes deben buscar una solución global a este problema y ponerla en práctica. Pero a nosotros nos queda un largo camino y también tenemos deberes. No deberíamos confundir terrorismo islamista con Islam. No metamos a todos los musulmanes en el mismo saco de culpabilidad. Ellos son también víctimas del terror de estos fanáticos. La yihad no es la representación de la religión islámica es solo una doctrina arcaica y malinterpretada. Defender tu fe, no es matar por tu fe. Se trata tan  solo de una religión malinterpretada por dementes, muchos de ellos culpables solo de haber nacido donde han nacido y haber sido adoctrinados en el odio hacia unos valores que simplemente son diferentes a los suyos.

El “ojo por ojo”, también está escrito en la Biblia y solo una persona irracional y fanática entendería que esa es la esencia que emana de esas escrituras. Los cristianos enarbolaron las banderas cruzadas y masacraron ciudades enteras en nombre de la fe, en nombre de Dios.

Pero eso fue en la Edad Media, entonces la yihad islámica tenía su sentido en una lucha demencial entre fanáticos donde unos no eran mejores que los otros. La esencia de la Biblia, para quienes creen, es un mensaje de tolerancia y amor al prójimo representado por uno de los sacrificios más grandes que se han escrito en la historia de la humanidad.No cabe duda que cualquier religión bien entendida, enseña tolerancia, respeto y amor a los demás.

No cometamos más crímenes en nombre de Dios, Yahvé o Alá, no caigamos en la trampa de catalogar a todos con el mismo nombre por ser de otra cultura, religión o  raza. Solo somos personas y nuestra cultura y forma de pensar solo depende del azar de haber nacido en uno u otro lugar.

Que Dios guarde a las familias de las victimas de París, pero también de Libia, Siria, Irak, Irán…

Mi corazón está con todos ellos. Ojalá y no perdamos la fe en el ser humano, ese sería el mayor triunfo del terror.

París volverá a renacer, como siempre ha hecho a lo largo de la historia.  Hoy más que nunca, cobra sentido el orgulloso lema de la gran nación francesa: libertad. igualdad y fraternidad.

Vive la France!

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Publicado por en 16 noviembre, 2015 en Opinión

 

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