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La Cruzada de los Niños: los nuevos Santos Inocentes

28 Dic

 

 

En muchas ocasiones, cuando hablamos de narraciones históricas,  nos encontramos con una amalgama de sucesos donde es casi imposible separar lo que es ciertamente histórico de lo que es tan solo leyenda. El filtro de los años hace que los hechos aun siendo veraces,  se carguen de tintes subjetivos que en la mayoría de  ocasiones son imposibles de evitar. La cruzada de los niños es un ejemplo más.

Según los cronistas, durante el verano del año 1212, en plena Edad Media, dos muchachos de diferentes regiones, totalmente ajenos el uno de la existencia del otro, fueron sorprendidos por la aparición de Jesús, que les encomendó la  misión de emprender una cruzada para  liberar Tierra Santa.  Debían conseguir atraer la mayor cantidad de fieles  posibles para,  sin más armas  que la verdadera fe,  recuperar los Santos Lugares. Uno, de nombre Nicolás, un pastor de Alemania, el otro  Esteban  de Cloyes en Francia, ambos confiados  en emular a los grandes patriarcas.  El poder de encantamiento de ambos líderes fue tal, que los niños se unían a su paso como si fuesen un cortejo de  ratoncillos siguiendo la melodía del  flautista de Hamelin.  Dicen que se juntaron miles, no se sabe  cuantos, lo que esta claro es que fueron muchos.  Las necesidades de la época eran tantas, la hambruna, la falta de medios sanitarios y de higiene, y  la pobreza era tan grande, que se entiende que las personas,  almas errantes, se aferrasen a cualquier estímulo que pudiese suponer un cambio en su pobre destino.

 La movilización de masas fue un fenómeno característico de esa época, como ya sucediese con Pedro el Ermitaño que a finales del siglo XI atrajo a miles de desamparados (los verdaderos guerreros eran  minoría), con el fin de recuperar Jerusalén de manos de los “infieles”, en la llamada cruzada popular. Ésta fue el preámbulo de la primera gran cruzada que  comandada por Godofredo de Bouillon, acabó con la toma de la Ciudad Santa.  La desconfianza podría adueñarse de  hombres curtidos, acostumbrados a los golpes de una vida dura, pero no de los niños deseosos de creer en algo distinto, una meta superior, algo capaz de dar sentido a sus vidas haciéndoles olvidar el triste contexto en el que vivían. Cuenta la historia, que un monje capuchino que había vivido en Tierra Santa, perdió la fe en los cruzados, de modo que al volver a Europa, consideró que los nuevos cruzados debían de ser almas puras, de  fe intacta. De esta forma exhortó a los más jóvenes a seguir la Santa Cruz hasta el mar, donde llegado el momento éste se abriría dejándoles cruzar. Su alimento sería el maná caído de los cielos. De este modo, Esteban se presentó en la corte del rey de Francia  mostrándole una carta supuestamente escrita por el propio Jesucristo.

Así fue como Esteban reveló su misión y comenzó a movilizar a los niños que se separaban de sus familiares sin oposición alguna, ya que todos parecían haber caído en el encanto de su predicación. A su paso por los pueblos se unían más y más niños a la comitiva, marchaban cantando, en verdaderos desfiles de los devotos caballeros de Cristo. Cuando algunos padres fueron conscientes del peligro de la empresa y quisieron recuperar a sus hijos, el resto de la gente se lo impidió,  alegando la santidad del viaje.  Se dirigían  hacia la costa marsellesa. A su paso por la región de Provenza ya eran miles de niños a los que habría que sumar otros tantos, que se habían unido a la masa y entre los que se encontraban principalmente chusma, ladrones, y  prostitutas, que aprovecharon  el momento para conseguir comida, o donaciones de los coaccionados lugareños de turno.  Como sucedía con la movilización de cualquier ejército, el paso de cada vez mayor cantidad de adeptos supuso un verdadero tornado que arrasó con todo a su paso. Eran demasiadas bocas que alimentar. Cuando los más débiles cayeron  presa del agotamiento y las enfermedades, fueron abandonados a su suerte. Tampoco existía un contingente de médicos preparados para atender a los enfermos, así que lo  más sencillo era simplemente encomendarlos  a la divina providencia. Los más sabios de la época desaconsejaron la empresa, conscientes de la cantidad de peligros y las pocas probabilidades de éxito, pero el acentuado fervor popular hizo que hasta el mismo Papa Inocencio III,  la aclamase. Al llegar a Marsella, la comitiva quedó a la espera del milagro de las aguas, momento que aprovecharon unos mercaderes para convencer al obispo de que se harían cargo de los niños, llenando siete barcos hasta Egipto. De los siete barcos, dos sufrieron una fuerte tormenta y naufragaron cerca de Cerdeña, donde posteriormente y a instancias de Gregorio IX se construyó una iglesia en memoria de los que fueron llamados: los nuevos Santos Inocentes. La mayor parte de los niños que quedaron sin embarcar fueron vendidos como esclavos y los que llegaron a Alejandría probablemente sufrieron la misma suerte.

Casi al mismo tiempo en Alemania cerca de Colonia, Nicolás partió con el fin de cruzar los Alpes, llegar al mar en Génova  y dirigirse a Tierra Santa, en una expedición muy similar a la de Esteban. A Génova llegaron solo algunos miles  y allí se encontraron con el rechazo de las autoridades que por recelo les hicieron dispersarse.  Entonces se dirigieron a Brindisi con la esperanza de que, como en el Éxodo, el mar les abriera paso. Pero el milagro nunca se produjo y el obispo de Brindisi instó al mermado grupo a que regresasen a sus casas. El problema es que disperso el grupo, la mayoría no sabían como. Algunos trataron de retroceder cruzando el paso de los Alpes que ya se presentaba cubierto de  nieve, por lo que la mayoría, murieron de hambre o frío. ¿Dónde empieza  la leyenda y donde termina la historia? , es difícil de saber. La primera vez que leí algo al respecto fue por un regalo de mis padres una novela de Thea Beckman llamada Cruzada en Jeans”, donde un chico de la época actual viajaba en el tiempo para sumarse a una de estas expediciones, conocer el mundo medieval y por su puesto revalorizar sobremanera su cama y sus comodidades del siglo XX.

Esta es una historia más, romántica y a la vez triste pero que nos hace ver el espíritu que es capaz de  llegar a tener un niño para superar todas las adversidades cuando encuentran un porqué luchar. Hoy día de los Inocentes, sirve para recordar el sacrificio que realizaron un nutrido grupo de soñadores. Sin duda, una lección de fe, esperanza, valor y coraje que en este caso no tuvo un merecido premio, pero que nos permite ver en profundidad una capacidad de sacrificio y lucha que en muchas ocasiones no vemos en los adultos. Un cuento más, o una leyenda que dicen que inspiró la fábula del Flautista de Hamelin (originalmenteDer Rattenfänger von Hameln”), recogida posteriormente por los famosos hermanos Grimm. 

La Navidad es la época de los niños, de los que son y de los que se sienten como tal, así deberíamos disfrutar de estos días con ese espíritu y esa alegría que solo ellos son capaces de brindarnos y lo que es más importante, sin ningún tipo de artificio. Desde aquí este pequeño homenaje, a nuestros pequeños, que sigan educándonos por muchos años…

 
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Publicado por en 28 diciembre, 2011 en Un poco de historia

 

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