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Archivos Mensuales: noviembre 2010

Howard Carter y Tutankhamón.


Para comenzar esta nueva sección de historia que es sin duda una de mis grandes pasiones, considero que existen pocos personajes tan interesantes y sin duda poquísimos hallazgos de tal envergadura como lo que supuso el descubrimiento de la tumba con el sello intacto del jóven Tutankhamón. Por eso creo que este será un buen comienzo.

Howard Carter fue un arqueólogo de vocación, su pasión y perseverancia fueron sin duda las claves para conseguir  la mayor hazaña de la arqueología hasta nuestros días. Por aquellos tiempos la persona de mayor importancia trabajando en el valle de los reyes, era  Theodore Davis. Davis era un buen arqueólogo y sus trabajos fueron de gran importancia. Durante un tiempo Carter estuvo ayudando en sus excavaciones   y sin duda aprendió cosas de él. Pero el mayor fallo de Davis fue su carácter en cierto modo prepotente, ya que nunca consideró a Carter capaz de encontrar la tumba de Tutankhamón, lo que para Carter llegó a ser una obsesión.

No podemos hablar de Carter sin hablar de su gran benefactor, la persona que más confió en él y el que aportó con su fortuna las subvenciones de unas excavaciones que por momentos pudieron causarle la ruina. Hablamos de Lord Carnarvon. Carnarvon apasionado del automovilismo, sufrió un accidente cuyas secuelas hicieron que los médicos le recomendasen un clima cálido para su mejor recuperación. Sin duda fue la mejor excusa para que pasase largas temporadas en Egipto y a su vez encontrase una verdadera pasión por la civilización egipcia.

Carter nació en Londres, hijo del ilustrador  Samuel Carter del que heredó un gran talento como dibujante, siendo el menor de once hijos. Su formación y la posibilidad de trabajar con arqueólogos de prestigio fueron convirtiéndolo en una figura destacable en el mundillo de la arqueología por lo que Carnarvon no dudo en contactar con él y tras conseguir los pertinentes permisos del gobierno de Egipto, comenzaron a trabajar  ya en 1907. Actualmente puede contemplarse en lo alto de una montaña de arena, cerca del valle de los reyes, la casa donde se alojó Carter durante sus trabajos. Diez años después en 1917 guiado por su profunda convicción y  testarudez Carter desoyó las afirmaciones de Davis, quien aseguraba haber peinado todo el valle y consideraba imposible cualquier nuevo hallazgo, y emprendió la verdadera búsqueda de su gran objetivo la tumba de Tutankhamón. Es entonces cuando Carter revolucionó el mundo de la arqueología, con sus novedosos y minuciosos métodos, para lo cual dividió el valle en cuadrículas y comenzó la colosal tarea de examinar todo centímetro por centímetro y piedra por piedra. Infinita paciencia les haría falta por lo titánico de la labor, pero sin duda más duro tuvo que ser para los obreros en su mayoría nativos egipcios quienes realizaron todo el trabajo de campo.

Pasaron cinco largos años de infortunios y desalientos y mientras Carnarvon quemaba su fortuna, Carter continuaba empeñado en escabar en un pequeño triángulo entre las tumbas de Ramsés II, Mineptah y Ramsés VI. Carnarvon estuvo a punto de abandonar el proyecto pero tras la insistencia de Carter le concedió una prórroga que a la postre les daría la grandeza.

El 14 de Noviembre de 1922, junto a la tumba de Ramsés VI, los excavadores encontraron lo que parecía ser un escalón de piedra, corriendo avisaron a Carter quién comenzó a desenterrar lo que fueron una sucesión de escalones de piedra y la entrada a una tumba real. Tras descender doce escalones encontraron una puerta sellada y en los cartuchos los símbolos del chacal tumbado sobre nueve prisioneros, símbolo inequívoco de la necrópolis real.

Conteniendo la respiración su inabarcable gratitud hacia su mecenas le dió la suficiente fuerza como para tapar el descubrimiento y escribir de forma inmediata a Carnarvon antes de proseguir hacia el interior de la tumba.

El 23 llegó Carnarvon con su hija Evelyn y fue el día 26 cuando Carter vivió “el día más maravilloso de toda mi vida, tan feliz que jamás viviré uno similar”. Encontraron una segunda puerta con los sellos reales de Tutankhamón aún intactos. Con una barra de hierro Carter agujereó la pared creando una pequeña obertura, acercó una vela y asomó la cabeza. Fue tal la emoción que tardó unos segundos, para sus compañeros eternos, en mover sus labios para inmortalizar sus palabras en la historia: “¿Qué ves Carter ?, – Cosas maravillosas!”.

Sin duda así fue, hallaron el mayor tesoro conservado de la historia de la arqueología. Las semanas posteriores Carter demostró su sentido de la responsabilidad, catalogando y fotografiando in situ cada uno de los objetos hallados en la tumba. El tesoro de Tutankhamón puede verse actualmente en el museo de El Cairo, aunque son numerosas las exposiciones que se hacen frecuentemente con representaciones a escala, fotografías e incluso alguna pieza real en los diferentes museos del mundo. No en vano, es un hito jamás igualado, al menos hasta la actualidad. Las numerosas leyendas que surgieron posteriormente a raiz de la muerte de Carnarvon y otros personajes relacionados con el descubrimiento, sumado a la fascinación que produjo el hallazgo y todo lo que le rodeaba, hicieron despertar las suspicacias de las mentes más imaginativas por lo que se escribieron ríos de tinta sobre la maldición del faraón. Todo ello contribuyó a crear  el posterior folklore novelesco, teatral y peliculero dando forma a  un verdadero género, qracias al cual nos han llegado grandes regalos a modo de celuloide como las películas de Indiana Jones, The mummy…, y a modo de papel escrito como algunas de las grandes novelas de Agatha Christie…etc

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  Actualmente Zahi Hawas, Secretario General de Antigüedades de Egipto y la figura más influyente en el mundo de la egiptología, en colaboración con la Universidad de Leeds, han preparado un robot con el fin de encontrar la manera de explorar las zonas ocultas tras una puerta intacta en el interior de la Gran Pirámide. Hawas está convencido de que encontrarán en breve la cámara mortuoria de Keops, lo que sin duda sería lo más parecido al descubrimiento de Carter, con la diferencia de que hoy día tendremos la posibilidad de verlo como nunca antes se ha visto.

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Publicado por en 12 noviembre, 2010 en Un poco de historia

 
 
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La primera gran virtud del hombre fue la duda y el primer gran defecto la fe (Carl Sagan)

OLIVER RIVAS

experiencia en odontología

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